La cafeomancia es el arte adivinatorio que utiliza el café como vía para conocer el futuro. Es la comunmente llamada lectura de los posos del café aunque existen otras muchas modalidades de ponernos en contacto con el futuro a través de esta bebida popular.
Aunque la tradición adjudica los primeros pasos de la cafeomancia a los franceses en el siglo XVII, al parecer la costumbre de desentrañar lo que podía manifestar un recipiente que había contenido café es bastante más antigua; por ello es muy posible que su antiguedad nos haga remontarnos a un momento indeterminado tanto en el continente africano como en el asiático (Etiopia y Yemen respectivamente): los datos arqueológicos confirmados remontan la domesticación de la planta del café no antes del siglo XV a lo que se añade a esta tardanza las dificultades del proceso de elaboración de los granos para la bebida, aunque nuevas excavaciones en Arabia podrían arrojar datos que adelantasen su consumo al siglo XII.
Desde esos orígenes, y gracias a su gran éxito en un mundo árabe donde las bebidas alcohólicas están prohibidas, la bebida se extendió por diversos horizontes como el norte del continente africano, Persia y Turquía donde, en 1475 en Estambul (la antigua Constantinopla, conquistada hacía 32 años por los Turcos) abrió la primera cafetería. Los mercaderes venecianos lo comenzaron a exportar a finales del siglo XVI, de ahí que las primeras referencias europeas a la cafeomancia sean tan tempranas: el florentino Tomas Tamponelli escribió en el siglo XVII un pequeño manual dedicado a la practica de este arte.
El cómo llegaría este arte a las prácticas de Tomás Tamponelli es un misterio. Aunque él fue el padre del primer manual de cafeomancia europeo que conocemos no podemos olvidar que en la corte de los zares de la gran Rusia y en los caravaneses (albergues en los que descansaban las caravanas) ambas a caballo entre Europa y Asia se practicaba también desde antiguo este arte, tal vez venido desde China, donde se observaba el futuro en el interior de "campanas" (las tazas de té chinas dadas la vuelta así lo asemejan) pero no leyendo los restos de café sino de té.
Tampoco hemos de olvidar que los romanos realizaban esta misma práctica con el vino ¿Mágico arte venido desde la lejana China o, por el contrario, antigua práctica europea oculta durante los siglos del medievo?
Gran parte de la atracción de la cafeomancia reside en que gira de algo tan sencillo y a la vez tan cotidiano como el hecho de tomar una taza de café; ese placer que sentimos ante una humeante taza de café por las mañanas o al compartir con cualquier amistad es, en si y por si mismo, un potente método para desentrañar nuestro futuro ya que la influencia que ejerce nuestra persona sobre la bebida, así como el azar, marcan tanto la taza como en el plato con señales de nuestro porvenir.
El café que requiere esta práctica ha de ser molido y no soluble, al que se puede añadir azucar pero no leche u orujo, ya que cualquier otro líquido interfiere en las capacidades predictivas del café. La preparación para la lectura de los posos requiere solo un leve esfuerzo de concentración tanto del que lee las señales (que es también el que prepara la bebida) como del que consulta, así como entre ellos, de ahí que muchas veces el café se prepare a la vez que se escuchan composiciones musicales que ayuden a potenciar los sentidos del adivino y la apertura de la mente del que quiere conocer su futuro; otras veces la lectura se realiza tras una charla entre los dos individuos, un primer contacto que ayudará al adivino a distinguir mejor las visiones transmitidas por los posos. También uno mismo puede ejercer las funciones de adivino y consultor al prepararse y leerse los posos; es lo que se llama "auto oráculo".
Existen tres métodos de lectura: el que utliza la taza, la lectura en el platillo y mediante la cafetera. De entre estos tres el más antiguo es el que utliliza la lectura de los posos del café dispersándolo en el platillo. Realización e interpretación del sistema del plato Tras haber consumido el café el consultante cierra los ojos, piensa en aquello que desea preguntar y lo formula en voz alta. Tras esto se coje el poso sobrante de café que ha quedado en la cafetera y se coloca sobre un paño de color blanco. Con el objetivo de eliminar el máximo de humedad del café se escurre el pañuelo, lo que nos permitirá efectuar una primera lectura ya que el líquido ha dejado una mancha en la tela. La observación de esta nos dará como resultado el primer signo a interpretar, un signo que da una respuesta general a nuestras dudas. Si lo que estamos realizando es el auto oráculo, nos deberemos preguntar que significado tiene para nosotros la marca dejada por el café.
El poso escurrido se toma con ambas manos, se coloca en un plato llano y el adivino, cerrando los ojos y realizando de nuevo la pregunta en voz alta, lo hace oscilar delicadamente para que el poso de café cubra la superficie del plato, dejando figuras, islas y otras señales para interpretar. Tras preguntarnos que significado tiene para nosotros las formas esparcidas de los posos del café, imaginaremos que el círculo del plato es la esfera de un reloj y lo dividiremos en tres secciones: de las 12 a las 4 nos hablará de nuestro pasado, de las 4 a las 8 nos aclarará el presente y de las 8 a las 12 representará nuestro futuro. |